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Inteligencia emocional (Vinculación afectiva y asertiva)

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Antes se pensaba que la persona inteligente solo era aquella capaz de retener y utilizar correctamente gran cantidad de información, personas con elevado coeficiente intelectual y sus habilidades y aptitudes eran medidas y consideradas desde esa perspectiva, pero se observo que en ocasiones, aquella persona a la que se le consideraba sumamente inteligente no lograba sobresalir en su trabajo o estudios, en sus relaciones interpersonales y su estabilidad emocional. Fue a partir de estas observaciones que se comenzó a diferenciar entre la inteligencia cognitiva y la inteligencia emocional; aquella que nos permite a las personas encontrar el equilibrio (o no) entre nuestra vida laboral, social y emocional; habilidades tales como el autodominio, el celo y la persistencia y la capacidad para motivarse uno mismo para emprender una acción, idea, trabajo o relación.

La inteligencia emocional está íntimamente ligada con los impulsos, en positivo; el impulso que nos mueve a realizar tal o cual acción y en negativo; desde el instinto y la irracionalidad. El hombre como ser bio-psico-social requiere tomar conciencia de estas tres esferas que componen su actuar y saber que el talento básico para vivir llamado inteligencia emocional (Goleman 1995) está vinculado con factores neurológicos que le permiten ser capaz de refrenar el impulso emocional; interpretar los sentimientos del otro; manejar las relaciones de manera más fluida, demorar la gratificación, regular el humor, mostrar empatía, evitar que los momentos difíciles disminuyan la capacidad de pensar y equilibrar esto con lo que pasa en su interior, colocando las emociones como el centro de las aptitudes para vivir.

No podemos olvidar que la inteligencia emocional está íntimamente relacionada e influenciada por factores genéticos, la influencia de lo que aprendemos en casa y en la escuela; dando forma a los circuitos emocionales que nos hacen “expertos” o no en esta inteligencia, resultando la infancia y la adolescencia ventanas criticas de oportunidad para fijar los hábitos emocionales esenciales que gobernaran nuestra vida. Por ello es importante trabajar en la inteligencia emocional a cualquier edad, desde casa y escuela para fortalecer a nuestros niños en esta área y como adulto para restablecer su relación con las propias emociones y áreas de oportunidad a mejorar con la visión de mejorar el circulo social inmediato y con ello permear en círculos más extensos que nos permitan como sociedad restablecer los lazos y alcanzar la plenitud en nuestras relaciones.

Nuestros sentimientos, pasiones y anhelos, son guías esenciales en nuestro proceder humano; nuestras emociones guían la manera en que enfrentamos momentos difíciles, tareas demasiado importantes; los peligros, las pérdidas dolorosas, la persistencia para alcanzar una meta a pesar de los fracasos, los vínculos con compañeros, amigos, pareja o familia; y nuestra reacción a tales acontecimientos también tendrán una implicación diferente de acuerdo a la emoción que nos predomine en tales circunstancias (las tendencias biológicas y la experiencia de vida y cultura en las que estemos inmersos).

Sin embargo la intensidad de cada una de ellas dependerá del peso biológico, psicológico o social que nos domine; y el temperamento; TEMPERAMENTO NO ES DESTINO… El temperamento puede ser definido en función del humor que ajusta nuestra vida emocional, este viene de nacimiento (lotería genética) y tiene una fuerza importante en el desarrollo de la vida; existen al menos cuatro tipos temperamentales- tímido, audaz, optimista y melancólico- las personas pueden diferenciarse por la forma en que sus emocione se disparan, cuanto duran y lo intensas que se vuelven. Sin embargo, las lecciones emocionales de la infancia pueden tener un impacto profundo sobre él, ya sea ampliando o amortiguando una predisposición innata del temperamento (plasticidad cerebral en la infancia).

En un sentimiento real, tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente; estas dos formas fundamentales y diferentes de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental. La mente racional, es la forma consiente en la que comprendemos algo, es reflexiva, analítica y metódica; por otro lado la mente emocional, ilógica e impulsiva. Estas operan en ajustada armonía para guiarnos por el mundo, en la que la mente emocional alimenta e informa a las operaciones de la mente racional y esta depura e impide en algunas ocasiones la energía que conlleva la mente emocional.

La vida emocional, al igual que las matemáticas y la lectura pueden manejarse con mayor o menor destreza y necesita de habilidades particulares para hacerle frente, la aptitud emocional es una meta-habilidad y determina lo bien que podemos utilizar cualquier otro talento, incluido el intelecto.

Se ha logrado comprobar que las personas con alta inteligencia emocional cuentan con ventajas en cualquier aspecto de la vida, ya sea en relaciones interpersonales o en la vida académica o laboral, las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen mayores posibilidades de sentirse satisfechas y eficaces en su vida, dominando los hábitos mentales que favorecen la productividad; quienes no logran un cierto orden en la vida emocional, libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse y pensar con claridad llevándolos al fracaso interpersonal e intelectual.

El proceso terapéutico es por ello una de las herramientas por excelencia que permitirá evaluar cual es nuestra inteligencia emocional, sus destrezas y sus áreas de oportunidad para así lograr un equilibrio y la adecuada gestión de esta inteligencia, junto con su ejecución y la mejor interacción con nuestras emociones, los acontecimientos de la vida y la relaciones interpersonales.

Bibliografía.

  • ETICA NICOMAQUEA. POLITICA, ARISTOTELES; Editorial PORRUA
  • LA INTELIGENCIA EMOCIONAL. D; 1995; Editorial Vergara
Por: Cristina Muñoz Olascoaga
Psicóloga de CORA

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