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Inicios y finales de vida.

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Un día más, se convierte en un día menos y tú, ¿cómo lo vives?

¿Cuántas veces nos ha pasado que esperamos algo? Casi siempre nos ilusionan los inicios sobre todo los que esperamos que ocurran, pero también están los que suceden sin esperar y los que simplemente no llegan. No obstante, cada inicio lleva en sí, un final, de ahí mi reflexión: cada día que pasa es un día menos de ese algo que inició en algún momento.

La ley de la naturaleza nos marca que todo lo que inicia tiene un fin, desde que nacemos empezamos a envejecer, hasta que la vida llega a su final.

El tiempo se encarga de ir marcando los inicios, finales y los nuevos inicios, por ejemplo, sabemos que un año inicia con un 1ero de Enero e invariablemente termina con una fecha impostergable, el 31 de diciembre, dando paso al siguiente año con el 1ero de Enero. En las etapas del desarrollo del ser humano hay ciertas pautas que marcan el inicio y término de la infancia dando paso a una nueva etapa, la adolescencia, después termina ésta y pasamos a la etapa adulta y al final la vejez, todas delimitadas por lo biológico, lo social y cultural. Pero pensemos un poco en nuestras experiencias de vida como procesos de inicio-fin-inicio.

Quien no recuerda la promesa de papá o mamá de iniciar algo divertido como un paseo al parque o a la feria, a veces había que esperar un día específico y cuando llegaba la fecha deseábamos que durara mucho tiempo la diversión, pero inevitablemente llegaba la hora de ir a casa, aspecto que no era grato porque era dejar aquello que nos hizo feliz durante horas. Como adultos se viven experiencias similares, casi siempre que esperamos algo que deseamos de manera consciente, nos ilusiona: la espera e inicio de una cita, fiesta, reunión, vacaciones, viajes, inicio de una maestría, ingreso a un empleo, inicio de una amistad o relación de pareja, etc. Todo tiene un inicio y un inminente final, al cual no queremos llegar porque implica ausencia o pérdida y que sin querer nos arroja a un nuevo comienzo. Además, un final trae consigo recuerdos, experiencias, emociones y apegos que difícilmente soltamos, a manera de perpetuar aquello que terminó. Pero ¿Qué pasaría si empezamos a mirar que un día más se convierte en un día menos de eso que ya inició o en un día menos de tu existencia? ¿Disfrutaríamos más? ¿Nos enojaríamos menos? ¿Expresaríamos más nuestros sentimientos? ¿Visitaríamos más a nuestros seres queridos? ¿Trabajaríamos en estar bien con uno mismo y con los demás? ¿Buscaríamos tiempos de calidad con la gente que nos resulta importante? ¿Dejaríamos de esperar a que llegue la felicidad con una persona, un evento o algo material?

Por otro lado, cuando se piensa en un final como pérdida, puede generar ideas irracionales y sentimientos de fracaso, frustración, culpas, enojos, entre otros. Dichas emociones son de la misma intensidad, pero en sentido opuesto a la alegría o entusiasmo de un comienzo. Esto me lleva a pensar en el tema del apego, la soledad y la felicidad.

En todo comienzo intencional sabemos que habrá un beneficio propio y/o para otros, tal vez visto como un estado de felicidad.

No obstante, toda situación evoluciona y vamos generando apegos, es un “algo propio”, “algo que le he dedicado tiempo y esfuerzo” y a veces es difícil soltar, aunque ya no sea sano. Pero valdría preguntarse, ¿realmente estoy feliz/satisfecho con ésta situación/ persona? o, ¿hay miedo a soltar, perder y encontrarse con la soledad y el vacío que deja la situación/persona? Pero, ¿qué pasaría si soltamos y nos permitimos un nuevo comienzo? Definitivamente un final nos quita algo, pero nos da otro nuevo comienzo, en otro contexto, de otra índole, es un tiempo que podemos aprovechar para invertir en las relaciones, proyectos, tiempos de esparcimiento, descanso, incluso en algunos casos es el motivo que nos lleva a iniciar una terapia. Alguna vez leí una frase de un texto que decía: “Todo final es un comienzo en potencia y todo comienzo lleva en sí las semillas de un final en potencia”.

Si deseas profundizar más en cómo vivir mejor tu vida y tus relaciones, disfrutar un día más que se convierte en uno menos de algo que ya inició, la terapia psicológica podría ayudarte porque se convierte en el espacio de encuentro y desencuentro con uno mismo, de análisis racional, de desahogo emocional, de reflexión sobre lo aprendido y por supuesto te invita a pensar en el inminente inicio de algo más para tu vida.

Por: Beatriz Bautista
Psicóloga de CORA

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